domingo, 6 de octubre de 2013

Escape de Londres

  Fue una noche como esta, fría, oscura y sin luna, en la que el joven Michael emprendió su viaje. Muchas cosas dejo atrás, pero él solo pensaba en lo que podía encontrar al llegar a su destino.
  Caminó decidido y sin mirar atrás el oscuro bulevar R. withcold, pensando en que diría una vez que se notara su ausencia.
  Lo que más le apenaba era pensar en cómo se sentiría su madre. Su relación con ella era simplemente perfecta; nunca le desobedeció y por lo tanto ella nunca le castigo o regaño. Las tardes juntos en el jardín del patio, siempre estaban presentes en sus pupilas, siempre latentes en su corazón. Lamentaba que no fuera así con su padre, el hombre de negocios, el Sr. Moondark, el "jefe".
  Su padre, el hombre de trabajo, que se esforzaba tanto por que progrese su pequeña fábrica textil que llegaba descuidar su familia sin siquiera pensarlo. –“el no es malo, solo busca que tengamos lo mejor”- le decía su madre al pequeño Michael. Ahora, siendo todo un adolescente piensa que su padre, tal vez en ese empeño de darles un gran nivel de vida, se olvido de entregarles lo más importante, “su afecto”.
  El estrés del trabajo hizo del señor Moondark, un hombre amargado que solo se quejaba de su vida, que siempre pensaba que podía tener más, y que descargaba su bronca con su amada esposa.
  La madre de Michael, siempre fue de un carácter muy pasivo y sumiso, y sin embargo soporto siempre fuerte y decidida cada uno de los arrebatos de ira inconscientes de su esposo. Michael siguió caminando, por el bulevar hasta llegar a la calle Green, en la que giro hacia la derecha. Ya solo estaba a unas cuadras de la estación del tren. En esa estación recuerda que fueron a esperar a su hermano mayor Thomas, junto a sus padres.
  Su hermano había partido hacia la guerra por defender unas tierras lejanas, sobre las cuales su nación decía tener derechos. Nunca supo bien como era esa historia, simplemente nunca le interesó mucho los asuntos militares y políticos de su nación. Lo único que sabía es que esa guerra la ganaron, y que el enemigo fue un país Sudamericano al que obviamente, jamás convenció el resultado.
  Thomas había recibido una medalla por su desempeño durante la guerra, de la cual no se encontraba orgulloso. El Sr. Moondark decía que le habían dado esa medalla a su hijo por ser el mejor y querer a su país. Thomas, decía en cambio, que se la gano matando inocentes.
  Mientras recordaban esa tarde en que llego su hermano, en la cual fue recibido como héroe junto a varios soldados que volvían sus hogares, nuestro joven aventurero ya estaba en la estación. Pronto llegaría el tren que lo llevaría a emprender su largo viaje.
  El cielo seguía oscuro. Ni la luna, ni una estrella, nada que alumbrara. El viejo farol de la estación, todo sucio y lleno de polvo, titilaba como intentaba alumbrar.
  Distraído replanteando una vez más su ruta de viaje, fue sorprendido por una peculiar compañía. Un cachorrito estaba a su lado. Parecía extraviado, sin embargo no estaba seguro de ello.

  -¿estás extraviado amiguito?- le pregunto Michael- ¿Cómo te llamas?- insistió observando atentamente al cachorro en búsqueda de alguna identificación.

  El frío se volvía más riguroso segundo a segundo, y Michael esperaba la llegada del tren que lo llevaría fuera de la ciudad, lejos de su vida.
  El perrito lo miraba atento. El muchacho tomo al animal entre sus manos, lo coloco sobre sus piernas, y mientras lo acariciaba, más recuerdos llegaban a su mente. Entonces, sin darse cuenta y perdido en su pasado, Michael se vio en vuelto por la luz del tren que con su sonido lo trajo de vuelta al presente.
  -Ya es hora…- se dijo el muchacho. Con el perrito en sus manos camino 6 pasos hasta fin del andén, frente a las vías. Espero a que el tren frenara y abriera sus puertas para subir. Miró a atrás, cuando puso un pie en el vagón, y volvió a pensar en su madre, su padre, su hermano, sus amigos y en todos los que conocía. Incluso pensó en aquella niña de ojos dulces y picara sonrisa que tanto lo distrajo en los últimos días. Se pregunto si estaba haciendo lo correcto y si debería volver a su hogar y olvidar todo esto. Para cuando se dio cuenta, la estación ya había quedado atrás. El tren, no espero a que pudiera analizar su decisión.
  Allí partía, Michael Moondark, un joven de tan solo 12 años escapando de su Londres natal, escapando de su vida, como cada noche… una vez más.

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