25 de febrero de 1760:
Era una tarde soleada, sin muchas cosas para hacer la magnifica ciudad de Londres. Entonces, alguien llamo a la puerta en la humilde casa de la señora Lucia Monteros.
Era un mensajero que traía una carta con su nombre en ella. Le pregunto sobre quien la había enviado, y el hombre solo atino a decirle que la carta era un poco antigua ya que había sido detenido el barco que la traía por un bloqueo de la armada enemiga.
La mujer abrió la carta con una serenidad innata, comenzó a leer poco a poco. La carta, aunque un tanto ilegible, decía lo siguiente:
17 DE JULIO DE 1758
Querida amiga:
Hoy le escribo no solo para saber sobre usted y sobre su vida, sino porque quiero contarle algo que descubrí hace un tiempo atrás. Por favor no interprete mal mis palabras, no es que no quiera saber sobre usted, sino que me urge confesarle este secreto.
Debe saber mi estimada lucia que hoy hacen 10 años desde que inicio esta dulce y sincera amistad. También es necesario que conozca,mi situacion. Que no vivo un minuto sin recordar nuestros paseos, nuestras íntimas conversaciones y las locuras que imaginábamos junto a aquel rosal en la vieja estancia. Sin embargo lo que mas recuerdo fue aquel día de su partida, hacia la majestuosa ciudad de Londres. Esa tarde, debo confesarle, fue la más triste de mi larga vida. Dicen que no es de hombres llorar, pero ese día no pude evitar, una lagrima derramar.
Aquel día llore no solo por que se fue una amiga, sino por que el que partió, fue el amor de mi vida. Si, así es mi amada Lucia, fuiste y serás, la mujer que como ha nadie he amado.
Espero, mi querida, no ser irrespetuoso o sonar impulsivo, pero es que confesar necesito, que solo por ti he vivido. Pues hoy, mi Lucia, estoy casi extinto; una enfermedad terminal me ha relegado a una cama y un cuarto sin poder levantar mi cuerpo ya rendido. Solo me quedan fuerzas para escribir esta carta para contarle lo que por usted todo este tiempo he sentido.
Ruego, llegue a usted, estas simples palabras y que el tiempo se convierta en nuestro aliado y pueda una vez mas volver a verla aunque sea por un segundo, pues así, seria el más feliz de los difuntos.
Atte. Su leal amigo y enamorado varón, Julián.
No hay comentarios:
Publicar un comentario