miércoles, 8 de octubre de 2014

Un Fantasma

 Días sin optimismo. Días en los que preferimos un arma a un libro. Son días como estos en que nos sentimos un montón de nada. Solo seres que existen, porque existir es gratis y no requiere esfuerzo alguno.
 Caminamos por las calles, pensamos en nuestros cuartos, nos perdemos en la nada por ratos. Rodeados de gente caminamos y andamos, sintiéndonos solos igual.
 Luego huimos del mundo, de la realidad, volando en una nube de ideas y fantasía. Nos perdemos en aquel lugar donde nada puede dañarnos y somos simplemente… ¡felices! 
 Si volvemos a la tierra y nos detenemos, vemos como la gente corre por el mundo, matándose unos a otros con armas o palabras. Vemos como correr para poder rescatar un minuto de libertad frente a sus deberes diarios. 
 Y seguimos así, día tras día, alejándonos de lo que nos hace mal, recordando lo que nos hizo bien. Continuamos caminando solos con nuestras ideas, perdiéndonos entre la multitud. Casi imperceptibles. Desaparecemos. Nos volvemos invisibles, incluso ante los ojo del amor.
 En días como estos, te conviertes en un simple espectro de lo que fuiste y lo que eres. Tan solo un fantasma...


domingo, 25 de mayo de 2014

Democracia

Érase una vez, una sociedad donde unos pocos gobernaban a todos. Donde el mediocre era premiado por su condición y al instruido se lo castigaba por su atrevimiento.
 La libertad, era solo para aquellos que podían pagarla, Pues cuanto más trabajaban y se esforzaban, mas alto era el costo que por su progreso pagaban.
 Era esta, una sociedad donde las glorias pasadas, eran las excusas para tapar el desgastado presente y un catastrófico futuro por delante. Una sociedad, en la que era cultural lucrar con la salud, la fe y la esperanza de su pueblo. El estilo de vida y sistema de gobierno, era la duda, la conformidad, lo profano y el libertinaje.
Érase una vez, una sociedad que vivía en democracia.


viernes, 11 de abril de 2014

Vida

Vida, ¿tan cruel es tu designio? ¿Tan fuerte es tu capricho, que hoy me matas una vez más? Por favor, deja que mi cabeza hable. Deja que hable mi cabeza, que el corazón es solo un músculo o poco menos. Solo te pido un último regalo, un premio consuelo, una gracia antes del deceso.
He resistido y luche; caí y me levante. Pero hasta el mas valiente fénix se queda sin cenizas de donde renacer. He dejado de soñar, he dejado de pensar. Solo me queda esperar a que me des tu estocada final.
Esa gloria que jamás pude alcanzar, reservada solo para pocos, hoy queda en la memoria como aquello que jamás logré alcanzar.
Cansado de vivir a la sombra de lo que fui, o soñé ser, hoy solo me queda existir. Solo seré los vestigios del hombre que hasta hoy existió. Un puñado de recuerdos e ilusiones, que permanece inerte a la espera de su oportunidad de regresar. A la espera de vivir y ser feliz una vez mas.


jueves, 13 de febrero de 2014

Primera Impresion

Callar,también es saber. Hablar, no es siempre decir. Olvidar,también es amar. Mentir no es siempre dañar. A veces las acciones encierran mas de lo que dejan ver. Solo si conocemos a esa persona, sabemos ¿que hay más allá?, y aun así a veces... nos equivocamos.

                       

viernes, 1 de noviembre de 2013

EL HOMBRE MEDIOCRE (fragmento) de José Ingenieros

"Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala; si la dejas apagar no se reenciende jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte: fría bazofia humana." [...]

jueves, 10 de octubre de 2013

Anhelo de un sentir

"El tiempo ah pasado, y la niñez se nos fue. Aquellos juegos de amor y placer, son solo parte de ayer. Hemos crecido, y el sentimiento también. Ya no es un juego solamente, pero aun se puede perder.
Veo como el tiempo pasa y la distancia empieza a crecer, veo como todo cambia y nada vuelve a ser lo que fue.
Un día te veré caer y como un necio, preso de mi propio sentir, te sostendré, levantare y protegeré sin ilusión o esperanza alguna de reciprocidad. Pero con la fe de creer que habré sido la mitad del hombre que debí ser para ti, y solo por ti."

domingo, 6 de octubre de 2013

Escape de Londres

  Fue una noche como esta, fría, oscura y sin luna, en la que el joven Michael emprendió su viaje. Muchas cosas dejo atrás, pero él solo pensaba en lo que podía encontrar al llegar a su destino.
  Caminó decidido y sin mirar atrás el oscuro bulevar R. withcold, pensando en que diría una vez que se notara su ausencia.
  Lo que más le apenaba era pensar en cómo se sentiría su madre. Su relación con ella era simplemente perfecta; nunca le desobedeció y por lo tanto ella nunca le castigo o regaño. Las tardes juntos en el jardín del patio, siempre estaban presentes en sus pupilas, siempre latentes en su corazón. Lamentaba que no fuera así con su padre, el hombre de negocios, el Sr. Moondark, el "jefe".
  Su padre, el hombre de trabajo, que se esforzaba tanto por que progrese su pequeña fábrica textil que llegaba descuidar su familia sin siquiera pensarlo. –“el no es malo, solo busca que tengamos lo mejor”- le decía su madre al pequeño Michael. Ahora, siendo todo un adolescente piensa que su padre, tal vez en ese empeño de darles un gran nivel de vida, se olvido de entregarles lo más importante, “su afecto”.
  El estrés del trabajo hizo del señor Moondark, un hombre amargado que solo se quejaba de su vida, que siempre pensaba que podía tener más, y que descargaba su bronca con su amada esposa.
  La madre de Michael, siempre fue de un carácter muy pasivo y sumiso, y sin embargo soporto siempre fuerte y decidida cada uno de los arrebatos de ira inconscientes de su esposo. Michael siguió caminando, por el bulevar hasta llegar a la calle Green, en la que giro hacia la derecha. Ya solo estaba a unas cuadras de la estación del tren. En esa estación recuerda que fueron a esperar a su hermano mayor Thomas, junto a sus padres.
  Su hermano había partido hacia la guerra por defender unas tierras lejanas, sobre las cuales su nación decía tener derechos. Nunca supo bien como era esa historia, simplemente nunca le interesó mucho los asuntos militares y políticos de su nación. Lo único que sabía es que esa guerra la ganaron, y que el enemigo fue un país Sudamericano al que obviamente, jamás convenció el resultado.
  Thomas había recibido una medalla por su desempeño durante la guerra, de la cual no se encontraba orgulloso. El Sr. Moondark decía que le habían dado esa medalla a su hijo por ser el mejor y querer a su país. Thomas, decía en cambio, que se la gano matando inocentes.
  Mientras recordaban esa tarde en que llego su hermano, en la cual fue recibido como héroe junto a varios soldados que volvían sus hogares, nuestro joven aventurero ya estaba en la estación. Pronto llegaría el tren que lo llevaría a emprender su largo viaje.
  El cielo seguía oscuro. Ni la luna, ni una estrella, nada que alumbrara. El viejo farol de la estación, todo sucio y lleno de polvo, titilaba como intentaba alumbrar.
  Distraído replanteando una vez más su ruta de viaje, fue sorprendido por una peculiar compañía. Un cachorrito estaba a su lado. Parecía extraviado, sin embargo no estaba seguro de ello.

  -¿estás extraviado amiguito?- le pregunto Michael- ¿Cómo te llamas?- insistió observando atentamente al cachorro en búsqueda de alguna identificación.

  El frío se volvía más riguroso segundo a segundo, y Michael esperaba la llegada del tren que lo llevaría fuera de la ciudad, lejos de su vida.
  El perrito lo miraba atento. El muchacho tomo al animal entre sus manos, lo coloco sobre sus piernas, y mientras lo acariciaba, más recuerdos llegaban a su mente. Entonces, sin darse cuenta y perdido en su pasado, Michael se vio en vuelto por la luz del tren que con su sonido lo trajo de vuelta al presente.
  -Ya es hora…- se dijo el muchacho. Con el perrito en sus manos camino 6 pasos hasta fin del andén, frente a las vías. Espero a que el tren frenara y abriera sus puertas para subir. Miró a atrás, cuando puso un pie en el vagón, y volvió a pensar en su madre, su padre, su hermano, sus amigos y en todos los que conocía. Incluso pensó en aquella niña de ojos dulces y picara sonrisa que tanto lo distrajo en los últimos días. Se pregunto si estaba haciendo lo correcto y si debería volver a su hogar y olvidar todo esto. Para cuando se dio cuenta, la estación ya había quedado atrás. El tren, no espero a que pudiera analizar su decisión.
  Allí partía, Michael Moondark, un joven de tan solo 12 años escapando de su Londres natal, escapando de su vida, como cada noche… una vez más.